Polígrafo y engaño: qué dice la evidencia, qué exige la ética y qué no es cierto

Tabla de contenidos

  1. Qué es (de verdad) un examen con polígrafo
  2. El proceso: pre-test, adquisición y post-test
  3. Instrumentación y software: qué miden y cómo se valida la calidad
  4. Quién debe administrar el examen (competencia profesional)
  5. Preguntas y reglas de decisión: por qué el wording importa
  6. Análisis técnico: trazos, coherencia intercanal y dictamen
  7. ¿Se puede “ganar” al polígrafo? Lo que la práctica demuestra
  8. Mitos y “trucos” para engañar al polígrafo: por qué no funcionan
  9. “Quizá engañes a la máquina… pero no al examinador”: el factor humano
  10. Preparación legítima del examinado (ética y buenas prácticas)
  11. Mini-casos aplicados (anónimos)
  12. Conclusión

1) Qué es (de verdad) un examen con polígrafo

Un examen con polígrafo es un procedimiento estandarizado de evaluación psicofisiológica que registra cambios en:

  • Respiración (pneumografía torácica/abdominal)
  • Actividad electrodérmica (EDA/GSR)
  • Cardiovascular (pulsos/variaciones de presión)

No “detecta mentiras”; observa reactividad ante estímulos verbales cuidadosamente diseñados y la interpreta con reglas de decisión propias de la técnica aplicada, dentro de prácticas profesionalmente reconocidas en psicofisiología forense.

2) El proceso: pre-test, adquisición y post-test

Pre-test (entrevista preparatoria)

  • Consentimiento informado, explicación de límites y objetivos.
  • Delimitación del hecho problema (tiempo/lugar/conducta).
  • Ensayo de preguntas para asegurar comprensión literal.
  • Registro de condiciones del examinado (sueño, dolor, medicación declarada, consumo reciente).

Adquisición (test)

  • Montaje de sensores; series con intervalos regulares y mínima conversación.
  • Notas de evento si hay artefactos (tos, ajuste, ruido); repetir serie si se compromete la calidad.

Post-test (cierre)

  • Revisión de la calidad de los trazos y scoring según técnica.
  • Comunicación profesional de alcances y límites.
  • Archivo con QA/QC (control de calidad) y cadena de custodia.

3) Instrumentación y software: qué miden y cómo se valida la calidad

  • Instrumentación moderna: plataformas computerizadas mejoran resolución, integridad de datos y trazabilidad.
  • Software: facilita visualización y apoyo al análisis, no sustituye el criterio técnico.
  • Calidad de señal (higiene de registro): estabilidad de línea base, ausencia de artefactos, consistencia entre series.

La validez del examen depende más del diseño y la ejecución que del “nombre” del software.

4) Quién debe administrar el examen (competencia profesional)

Examinadores formados en centros especializados, con práctica supervisada, actualización continua y sujeción a estándares reconocidos. Responsabilidades clave:

  • Aplicar protocolos éticos y estandarizados
  • Mantener QA/QC y trazabilidad
  • Emitir dictámenes prudentes y defendibles

5) Preguntas y reglas de decisión: por qué el wording importa

La formulación determina la interpretación. Preguntas vagas (“¿Alguna vez…?”) generan reactividad difusa. Preguntas específicas (tiempo/lugar/conducta) permiten comparar respuestas de manera significativa. Las reglas de decisión dependen del formato (p. ej., marcos CQT o CIT) y se aplican con criterios explícitos.

6) Análisis técnico: trazos, coherencia intercanal y dictamen

  • Se evalúan patrones relativos entre ítems relevantes y de comparación.
  • Pesa la coherencia intercanal (respiración/EDA/cardio) y la replicación a lo largo de series.
  • El dictamen reconoce incertidumbre y se comunica con lenguaje neutral (sin adjetivos ni inferencias de intención).

7) ¿Se puede “ganar” al polígrafo? Lo que la práctica demuestra

  • El examen no es infalible, pero tampoco es un juego de “truquitos”.
  • Para “engañarlo” habría que mantener reactividad diferencial nula o invertida justo cuando aparecen los estímulos relevantes, y repetir ese patrón sin contaminar la calidad del registro.
  • En la práctica, el control voluntario fino de respiración, respuesta electrodérmica y cardiovascular ante estímulos precisos y en tiempos estandarizados resulta extraordinariamente difícil de sostener sin dejar otras huellas (artefactos, incongruencias, notas de evento).

Conclusión operativa: no es razonable esperar control consciente fiable sobre los sistemas autonómicos bajo protocolo.

8) Mitos y “trucos” para engañar al polígrafo: por qué no funcionan

Mito/“truco” Por qué falla Qué observa el examinador
Dolores autoinducidos (pincharse/pisarse) Introducen artefactos o patrones anómalos en ítems no relevantes Incongruencia temporal y notas de evento; posible repetición/anulación de serie
“Controlar la respiración” con ritmos forzados Rompe la estandarización; aparecen patrones mecánicos no naturales Pneumografía irregular que no se alinea con el diseño de estímulos
Tensión muscular/“apretar” Genera ruido y cambios posturales detectables Variaciones en cardio/respiración y registros de movimiento
Prepararse con “manuales de trampas” Aumenta ansiedad anticipatoria y reactividad inespecífica Cambios precoces en línea base y historial de preparación documentado en pre-test

Además de antiético, enseñar contramedidas detalladas sería improcedente. La práctica profesional prioriza integridad y calidad del procedimiento.

9) “Quizá engañes a la máquina… pero no al examinador”: el factor humano

El equipamiento mide; el examinador interpreta dentro de un marco técnico. El profesional:

  • Contrasta señales fisiológicas con el contexto y el timing de cada ítem.
  • Detecta artefactos, incoherencias y conductas de evitación.
  • Mantiene bitácora y puede repetir o reanudar series bajo mejores condiciones.

El juicio técnico reduce la probabilidad de que un patrón artificial o “teatral” pase por alto.

10) Preparación legítima del examinado (ética y buenas prácticas)

  • Dormir y alimentarse adecuadamente; evitar consumo reciente de alcohol/estimulantes.
  • Informar medicación y condiciones de salud relevantes (declaradas en pre-test).
  • Comprender literalmente las preguntas; pedir aclaraciones cuando algo no sea claro.
  • Colaborar con el protocolo (inmovilidad razonable, seguir instrucciones).
  • Voluntariedad informada: derecho a conocer límites y a detener el proceso.

(Esto mejora la calidad del examen; no “ayuda a engañar”.)

11) Mini-casos aplicados (anónimos)

Caso A — Investigación específica (sustracción en ventana de 20’)
Pre-test: preguntas acotadas a fecha/rango/ubicación.
Test: dos series con artefactos por ajustes de silla → se repite. En series válidas, reactividad EDA/respiratoria coherente en relevante.
Post-test: dictamen técnico hacia reacciones significativas en relevante, con incertidumbre explícita. Se recomienda corroboración (registros de acceso, CCTV).

Caso B — Screening interno, novato “hiperpreparado”
Pre-test: declara haber leído “manuales” para “no fallar”. Línea base muy tensa; respiración mecánica.
Test: patrones no naturales y notas de evento frecuentes. Resultado inconcluso por calidad; reprogramación bajo condiciones estables.

12) Conclusión

¿Se puede engañar a un polígrafo? No es razonable contarlo como estrategia.
Cuando el examen está bien diseñado, se ejecuta con estandarización, y lo conduce un profesional con criterios técnicos y éticos, engañarlo de forma consistente es extremadamente improbable. A la vez, un examen serio reconoce límites: no es infalible, requiere QA/QC, y sus conclusiones se integran con otras evidencias. La práctica responsable orienta decisiones; el espectáculo de “ganar a la máquina” no tiene cabida en un proceso profesional.

 

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